miércoles, 10 de octubre de 2007

Con razón quiero que llegue el fin de semana

Estaba con otras personas en la puerta de un pequeñísimo almacén y a punto de entrar a comprar vaya a saber uno qué. Justo en ese momento, con el pie en el aire para sortear el escaloncito de la entrada, escucho que en la vereda gritan: "tiene un arma". Entonces la gente en la calle empieza a salir corriendo para todos lados, y un grupo y yo entramos rápidamente al almacén y nos refugiamos detrás del mostrador. La persona armada, una mujer horripilante, harapienta y con la cara más malvada que he visto en mi vida, entra también al almacén y descubre a quienes estábamos escondidos. Se acerca a tres de las personas y sin titubear les dispara asegurándose de su muerte. Mi mirada estaba enfocada hacia el piso, y mi cuerpo agachado y enrollado en posición fetal (moría de miedo, mal). Faltaban dos muchachos antes de llegar hasta mi cuerpo pero en lugar de acercarse... esta vil mujer retrocede, y desde la vereda tira hacia adentro una especie de granada. En ese instante nos paramos y salimos lo más rápido que pudimos del almacén (nunca en mi vida corrí tan rápido y tan asustada), arrojando nuestros frágiles cuerpos lo más lejos posible de ese lugar ya siniestro. Una vez afuera, corrí, corrí, y corrí.
No recuerdo bien qué pasó a partir de ahí. Pero la próxima imagen que tengo en mi cabeza me ubica en una especie de quinta de pasto muy verde rodeada de varias personas, con la presencia lejana pero latente de esa malvadísima mujer.
Lo que más recuerdo son unas sensaciones escalofriantes, todo el miedo que nunca sentí, mucha angustia, y desesperación inmanejable.
Obviamente estábamos secuestrados. Mi cuerpo estaba casi tieso sobre una casa de árbol (no sé si por alguna droga o un estado de shock), y mi mirada fija en un televisor prendido (sí, funcionaba ahí arriba en la casita del árbol), que transmitía no sé qué programa en vivo con Gasalla. Mi boca entumecida intentó en ese momento decirle a quien me acompañaba en esa casita, que teníamos que encontrar el modo de pedir ayuda, de escaparnos, de hacer lo que estuviera a nuestro alcance para salir de esa situación aterradora.
Como pude, con palabras necias, torpes y desprovistas de cualquier R, le dije a esta persona que iba a traspasar el televisor para poder comunicarnos con quien estuviera del otro lado. Con una mirada cómplice y asustada, aceptó. Paso siguiente, me empujó con toda su fuerza hacia la tele y mi cuerpo fue atravesando la pantalla de a poco, primero la cabeza, luego el cuello, el torso, y las piernas.
Finalmente del otro lado, me encontré con Gasalla metido en la cama (que estaba realizando un sketch en vivo), e intenté explicarle la situación mientras él me miraba totalmente desconcertado, y revelaba un estado de shock inoportuno. Afortunadamente, del otro lado, en ese mundo, mi cuerpo había recuperado movilidad y mi habla estaba perfecta; lo cual facilitó ampliamente la comunicación.
Me apuré en contarle todo rápido, dado que mi ausencia no podía notarse en la quinta y debía regresar a ese cruel mundo lo antes posible. Una vez que me aseguré que Gasalla, no digo creyera, pero al menos dudara de mi historia...me lancé sobre la pantalla del televisor presente en el cuarto del estudio de TV, deseando fuertemente que el humorista fuera mi salvador, y llamara a quien corresponda ante una situación de este calibre.
Una vez de vuelta en la casita de árbol de la quinta, mi cuerpo tieso intentó comunicarle a mi compañero que el mensaje estaba dado. Miré hacia la lejanía, y la loca esa con arma en mano, no se había dado cuenta de nada...andaba pegándole patadas a uno.
Lo próximo que recuerdo es que mi cuerpo comenzó lentamente a sentirse libre, casi al mismo tiempo que mis oídos escuchaban sirenas de bomberos, policía y ambulancias. Cuando logré moverme, y bajar de la casita del árbol, vi a lo lejos paradito con cara de héroe a Mr. T. Para mi posterior sorpresa, me emocioné hasta el alma y corrí con la cara cubierta de lágrimas hacia sus brazos, salté sobre él, lo abracé fuerte y le pedí que me sacara inmediatamente de ese lugar.
Se abrieron las puertas de la quinta, y él me llevó en brazos (yo subida a él con las piernas rodeando su cintura, mi pecho contra el suyo, mi cabeza en su hombro y mis brazos alrededor de su cuello) hacia un auto grande, mientras yo explotaba en llanto.
Antes de entrar al auto, se acercó Mr. Eb. con cara triste pero aliviada y me acarició muy suavemente los cachetes. Yo lo miré con ternura, pero no pude hacer mucho más que eso ya que sentía mi alma totalmente paralizada.
Una vez dentro del auto, viajamos hacia cualquier destino muy lejos de esa quinta horrorosa y de toda esa situación perversa, yo acsotada en el asiento trasero con la cabeza sobre las piernas de Mr. T., y el acariciando mi pelo, mientras yo aún temblaba de miedo.
(Gracias Gasalla)

- Hace un rato mientras me duchaba, me toqué una horrible contractura en el hombro izquierdo. En ese momento, recordé instantáneamente todo lo que había soñado anoche. Dormí condenadamente mal, claro, por eso ahora tengo terrible dolor en la espalda.
Recordé, también, que después de este sueño (o pesadilla), me desperté en medio de la noche re asustada ("uhhh, era un sueño, menos mal", pensé), y súper pendiente de cualquier ruidito que escuchaba. En ese momento decubrí la única desventaja que siento en tener dos gatas...si te despertás de noche con un miedo desproporcionado, hacen ruiditos sutiles que te asustan aún más!

2 comentarios:

cali dijo...

excelente. divertidísimo, ultra perverso ("..no se había dado cuenta de nada...andaba dándole patadas a uno") es fabuloso. Gasalla es un personaje ideal para los sueños. ojalá sueñe yo con Gasalla.

EuGe dijo...

Cali: Me alegro de que te haya gustado. Los sueños, sinceramente, son cosas maravillosas. Y algunos sumamente cinematográficos. Ahora leo éste y me alegro de hablero escrito...queda para la posteridad. Gasalla, súper freak para los sueños (da miedito). En el mío era una mezcla entre Gasalla y el Guazón (anche Beatlejuice).
Ojalá sueñe con él, lo recomiendo.
Beeeeso.
Eu.-