sábado, 15 de noviembre de 2008

O. suspendido

De pronto una barrera invisible ejerce presión y separa mi cuerpo del tuyo con fuerza.
Si el golpe que recibo fuera tangible, si fueran tus manos las que me acorralaran violentamente contra una pared para desvestirme, tocarme suavemente y sentir en todas partes mi aroma, probablemente moriría de placer exacerbado en pocos minutos.
Pero la invisibilidad de ese bloqueo que reina en el aire me deserotiza. Siento encierro y no puedo dejarme llevar ni llevarte. No puedo explorar y buscar ese rincón donde deberíamos entrelazar nuestro goce y sentir al máximo. No puedo intentar ejercer cierto control sobre la situación como a veces me gusta, pero tampoco puedo rendirme enteramente a la elección de tus movimientos corporales.
Eso que flota en el aire sin forma me aleja de las sensaciones agudas que tan dulcemente retuercen mi cuerpo de a poco. La naturalidad frustrada impide que pueda desarrollar libremente la necesidad de estar en contacto con tu cuerpo, de besarte entero, de acariciar tu piel apretando un poco tus músculos. De morder suavemente tu cuello y hundirme en tu húmedo labio inferior mientras mis manos sujetan las tuyas con fuerza. De sentir mi pecho apoyado contra el tuyo y el calor de tu cuerpo mirándome fijo. La necesidad de lo tibio de tu lengua y de tus manos en mi panza, en mis piernas, en mi boca. Una mirada y mi impaciencia pidiendo el contacto más íntimo.
Eso que flota en el aire sin forma me aleja de las sensaciones agudas que tan dulcemente retuercen mi cuerpo de poco.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada mas lindo que un poco de poesía para el acto mas natural y primario del ser humano.

EuGe dijo...

Anónimo: Es eso. Exactamente. O al menos así lo creo. El acto más natural, carnal y animal (de los lindos). Y debería sentirse de esa manera, no? NA TU RAL.