jueves, 1 de enero de 2009

2009

Lo más escalofriante de cada 31 de diciembre, es que todos (absolutamente todos los habitantes de este planeta), e independientemente de su religión, estado civil, sexo, edad, características personales y lugar geográfico que elijan para vivir, alzan sus copas pasadas apenas segundos las doce de la noche y sonríen, brindan, desean. Con quien sea.
Lo más escalofriante en cualquier sentido de cada 31 de diciembre es que todos - independientemente de cuán (in) feliz haya sido el año que concluye- anhelan para uno y desean para los otros uno aún mejor.
Es un día convertido en una burbuja gigante que desde la mañana va recolectando gotitas de esperanza y fragmentos del año que al caer la noche morirá, para finalmente explotar con furia cuando suenan las doce. Todas y cada una de las sensaciones que transitamos durante el año parecen estar raramente encapsuladas para hacerse presentes un día, una noche. Al final.

Este año, por primera vez en mi vida, esperé sola en casa que sonaran las doce. Miré tele, escuché música, cené, tomé cerveza y me sentí tranquila (casi como cualquier otra noche). Pero cuando el tiempo entre las 23hs y la medianoche se hizo considerablemente menor, atravesé pequeñas sensaciones distintas y naturales que me llevaron con delicadeza a un estado primero de exaltación y luego de entrega total.

Mirando el cielo en mi terraza con una copa en la mano y un cigarrillo de marihuana en la otra, sonreí una y otra vez ante el magnífico show de fuegos artificiales brindado por mis vecinos. Una puesta en escena para mis ojos y oídos que me golpeó de lleno. Explosiones de color rojo y azul, pequeñas bombas disparadas con alegría. Mi fascinación se la llevaron "los doraditos" que son los que abarcan una buena parte de cielo cuando estallan y parecen venirse encima de uno. Cuánto festejo, cuánta descarga, cuánto pulmón de ilusión.

Hacía varios años que no veía tanto despliegue de colores sobre el cielo oscuro de la medianoche invitándome a imaginar. Ó dibujar. Y saludar.
Muchas sensaciones me recorrieron durante minutos siempre con un dejo de tristeza, pero me quedo con las que se generaron cuando pensaba en cada una de las personas que hoy me importan. Y con lo que siento cuando pienso en que son parte de mi vida, y viceversa.

Melancolía y música.
El cielo y llamados. Sonrisa. Electro. E-lec-tro.

Gracias a los que están. Feliz año nuevo. A todos.

(Nos vemos a la vuelta de mis vacaciones)


2 comentarios:

Anónimo dijo...

feliz año para ti. Linda terraza,
R

EuGe dijo...

R: Gracias por el comentario, el saludo, por acordarte, y por estar. Feliz año para vos. Beso enorme. Eu.-